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Robert J. Shiller, las finanzas y los medios de comunicación (esta vez sí)

Robert J. Shiller, las finanzas y los medios de comunicación

Robert J. Shiller ha sido finalmente, tras años de espera, uno de los tres ganadores del Sveriges Riksbank Prize in Economic Sciences in Memory of Alfred Nobel (el Nobel de Economía 2013). Shiller será recordado por sus indudables aportaciones al campo de la interpretación psicológica del mundo de las finanzas. También, por haber sido uno de los pocos economistas prestigiosos que durante años alertó sobre las burbujas, primero la tecnológica en torno el cambio de siglo, y después la inmobiliaria, que finalmente desencadenó las crisis financieras y económicas que nos azotan desde 2008.

Hay sin embargo un mérito académico que quizá pase inadvertido: el mérito de ser uno de los primeros economistas que ha hablado abiertamente de los medios de comunicación, como instituciones clave para entender el comportamiento de las economías y de los mercados. Haciendo honor a la metáfora keynesiana de los animal spirits –título que daría lugar al delicioso libro publicado en 2009 junto a George A. Akerlof-, casi desde sus primeros trabajos Shiller ha reconocido la importancia de la difusión de ciertas opiniones económicas para entender comportamientos racionales, y no tan racionales, en los mercados. Y en especial, aquellas opiniones e ideas distribuidas masivamente por los medios. Ya en 2000, su famoso libro Irrational Exuberance incluía un capítulo dedicado a “The News Media”, publicado posteriormente bajo el título “Exuberant Reporting: Media and Misinformation in the Markets” en la Harvard International Review (23, 1, 2001).

Pero quizá la referencia de Shiller a los medios que más actualidad pueda tener en estos momentos es la que abría su famoso artículo “Is There a Bubble in the Housing Market?” (Brookings Papers on Economic Activity, 2003, 2, 299-362). Este trabajo, escrito con Karl E. Case, es citado a menudo como uno de los más serios avisos sobre la crisis inmobiliaria que finalmente se desencadenaría, unos años después, en 2007. Lo que se ha contado menos, y quizá sea bueno recordarlo –teniendo en cuenta las acusaciones que se han vertido sobre la incapacidad de los medios para alertar de esta crisis-, es que el artículo empezaba así:

Is There a Bubble in the Housing Market? The popular press is full of speculation that the United States, as well as other countries, is in a “housing bubble” that is about to burst. Barrons, Money magazine, and The Economist have all run recent feature stories about the irrational run-up in home prices and the potential for a crash. The Economist has published a series of articles with titles like “Castles in Hot Air,” “House of Cards,” “Bubble Trouble,” and “Betting the House.” These accounts have necessarily raised concerns among the general public. But how do we know if the housing market is in a bubble?

Por lo visto, la “full of speculation” de los medios estaba más cerca de la realidad que la mayoría de las previsiones de los expertos (quizá, a excepción de unos pocos, como el propio Shiller). De hecho, en esa ocasión, el ruido de los medios no fue suficiente; quizá su historia sobre la burbuja no estuvo bien contada, y no se convirtió en una de esas historias que, según Shiller, pueden acabar condicionando la realidad.

Shiller se ha ocupado más de aquellas ocasiones en las que ese ruido de los medios, sobre todo en momentos de boom, contribuye a crear un clima de optimismo exacerbado y de especulación bursátil. En torno a la crisis bursátil de las puntocom, en Irrational Exuberance (2000) escribía:

The role of the new media in the stock market is not, as commonly believed, simply as a convenient tool for investors who are acting directly to the economically significant news itself. The media actively shape public attention and categories of thought, and they create the environment within which the speculative market events we see are played out.

De forma más general –y lo sabemos bien en España, con motivo de la actual crisis y la imagen proyectada por los medios extranjeros- Shiller ha recalcado siempre la importancia de las “historias”, de las “narrativas” que sobre las crisis, los países, los fenómenos económicos, etc. se van asentando en la opinión pública. Y lo ha hecho a contracorriente, reconociendo que ese no es un factor habitualmente tenido en cuenta en los análisis de sus colegas economistas. En Animal Spirits (2009) Shiller y Akerlof escriben:

It is generally considered unprofessional for economists to base their analyses on stories. On the contrary, we are supposed to stick to the quantitative facts and theory –a theory that is based on optimization, especially optimization of economic variables. Just the facts, ma’am. There is good reason to be careful about the use of stories. The news media are, after all, in the business of creating stories that people would like to hear. Thus there is a tendency toward overexplanation of economic events. Just look at the stories offered by pundit after pundit on a slow news day when stocks have moved by a fair amount. Thus economists are rightly wary of stories and of the reality they seek to define.

But what if the stories themselves move markets? What if these stories of overexplanation have real effects? What if they themselves are a real part of how the economics functions? The economists have gone overboard. The stories no longer merely explain the facts; they are the facts”

Seguro que Shiller, ya con el Nobel, seguirá en el primer plano del pensamiento económico, haciéndose preguntas y ofreciéndonos reflexiones tan importantes y sugerentes como éstas. Afortunadamente, en la tradición de otros worldy philosophers a lo largo de la historia –desde Ricardo hasta Keynes, y desde Adam Smith hasta Friedman-, y en consonancia con ese papel especial que le concede su pensamiento a la generación de opinión pública económica, Shiller no sólo seguirá escribiendo para expertos. Lo seguirá haciendo también –quizá ahora más, si cabe- en las páginas del New York Times (como columnista regular de “Economic View”), en la web Project Syndicate (imprescindible lectura de su artículo “The Narrative Structure of Global Weakening”) y en colaboraciones en muchos otros medios de comunicación.

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Robert J. Shiller, las finanzas y los medios de comunicación

Robert J. Shiller no ha sido finalmente el ganador del Sveriges Riksbank Prize in Economic Sciences in Memory of Alfred Nobel (el Nobel de Economía 2012). Su candidatura -recurrente desde hace algún tiempo- tendrá que seguir esperando.

Sin embargo, su recuerdo en estos últimos días, con motivo de la elaboración de innumerables listas de Nobelables, me ha hecho pensar en sus contribuciones académicas. Con Nobel o sin Nobel, Shiller será recordado por sus indudables aportaciones al campo de la interpretación psicológica del mundo de las finanzas. También, por haber sido uno de los pocos economistas prestigiosos que durante años alertó sobre las burbujas, primero la tecnológica en torno el cambio de siglo, y después la inmobiliaria, que finalmente desencadenó las crisis financieras y económicas que nos azotan desde 2008.

Pero hay un mérito que quizá pase inadvertido: el mérito de ser uno de los primeros economistas que ha hablado abiertamente de los medios de comunicación, como instituciones claves para entender el comportamiento de las economías y de los mercados. Haciendo honor a la metáfora keynesiana de los animal spirits –título que daría lugar al delicioso libro publicado en 2009 junto a George A. Akerlof-, casi desde sus primeros trabajos Shiller ha reconocido la importancia de la difusión de ciertas opiniones económicas para entender comportamientos racionales, y no tan racionales, en los mercados. Y en especial, aquellas opiniones e ideas distribuidas masivamente por los medios. Ya en 2000, su famoso libro Irrational Exuberance incluía un capítulo dedicado a “The News Media”, publicado posteriormente bajo el título “Exuberant Reporting: Media and Misinformation in the Markets” en la Harvard International Review (23, 1, 2001).

Pero quizá la referencia de Shiller a los medios que más actualidad pueda tener en estos momentos es la que abría su famoso artículo “Is There a Bubble in the Housing Market?” (Brookings Papers on Economic Activity, 2003, 2, 299-362). Este trabajo, escrito con Karl E. Case, es citado a menudo como uno de los más serios avisos sobre la crisis inmobiliaria que finalmente se desencadenaría, unos años después, en 2007. Lo que se ha contado menos, y quizá sea bueno recordarlo –teniendo en cuenta las acusaciones que se han vertido sobre la incapacidad de los medios para alertar de esta crisis-, es que el artículo empezaba así:

Is There a Bubble in the Housing Market? The popular press is full of speculation that the United States, as well as other countries, is in a “housing bubble” that is about to burst. Barrons, Money magazine, and The Economist have all run recent feature stories about the irrational run-up in home prices and the potential for a crash. The Economist has published a series of articles with titles like “Castles in Hot Air,” “House of Cards,” “Bubble Trouble,” and “Betting the House.” These accounts have necessarily raised concerns among the general public. But how do we know if the housing market is in a bubble?

Por lo visto, la “full speculation” de los medios estaba más cerca de la realidad que la mayoría de las previsiones de los expertos (quizá, a excepción de unos pocos, como el propio Shiller). De hecho, en esa ocasión, quizá el ruido de los medios no fue suficiente; quizá su historia sobre la burbuja no estuvo bien contada, y no se convirtió en una de esas historias que, según Shiller, pueden acabar condicionando la realidad.

Shiller se ha ocupado más de aquellas ocasiones en las que ese ruido de los medios, sobre todo en momentos de boom, contribuye a crear un clima de optimismo exacerbado y de especulación bursátil. En torno a la crisis bursátil de las puntocom, en Irrational Exuberance (2000) escribía:

The role of the new media in the stock market is not, as commonly believed, simply as a convenient tool for investors who are acting directly to the economically significant news itself. The media actively shape public attention and categories of thought, and they create the environment within which the speculative market events we see are played out.

De forma más general –y lo sabemos bien en España, con motivo de la actual crisis y la imagen proyectada por los medios extranjeros- Shiller ha recalcado siempre la importancia de las “historias”, de las “narrativas” que sobre las crisis, los países, los fenómenos económicos, etc. se van asentando en la opinión pública. Y lo ha hecho a contracorriente, reconociendo que ese no es un factor habitualmente tenido en cuenta en los análisis de sus colegas economistas. En Animal Spirits (2009) Shiller y Akerlof escriben:

It is generally considered unprofessional for economists to base their analyses on stories. On the contrary, we are supposed to stick to the quantitative facts and theory –a theory that is based on optimization, especially optimization of economic variables. Just the facts, ma’am. There is good reason to be careful about the use of stories. The news media are, after all, in the business of creating stories that people would like to hear. Thus there is a tendency toward overexplanation of economic events. Just look at the stories offered by pundit after pundit on a slow news day when stocks have moved by a fair amount. Thus economists are rightly wary of stories and of the reality they seek to define.

But what if the stories themselves move markets? What if these stories of overexplanation have real effects? What if they themselves are a real part of how the economics functions? The economists have gone overboard. The stories no longer merely explain the facts; they are the facts”

Seguro que Shiller, con Nobel o sin Nobel, seguirá en el primer plano del pensamiento económico, haciéndose preguntas y ofreciéndonos reflexiones tan importantes y sugerentes como éstas. Afortunadamente, en la tradición de otros worldy philosophers a lo largo de la historia –desde Ricardo hasta Keynes, y desde Adam Smith hasta Friedman-, y en consonancia con ese papel especial que le concede su pensamiento a la generación de opinión pública económica, Shiller no sólo seguirá escribiendo para expertos. Lo seguirá haciendo también –quizá ahora más, si cabe- en las páginas del New York Times (como columnista regular de “Economic View”), en la web Project Syndicate (imprescindible lectura, su último artículo “The Narrative Structure of Global Weakening”) y en colaboraciones en muchos otros medios de comunicación.

Presentación en España de su último libro “Finance and the Good Society” (Septiembre de 2012)

Vuelta a las raíces

En las últimas semanas abundan noticias sobre decisiones empresariales e informativas, en nuevos y viejos medios, que plantean una “vuelta a las raíces” del periodismo, o al menos, una renovada reflexión sobre algunos principios del buen periodismo y de la gestión de su valor. Sirvan como ejemplo las siguientes:

1. Gawker (“Gawker to Drop Old Blog Look“). Gawker, uno de los mayores éxitos del nuevo periodismo online en Estados Unidos, acaba de anunciar que desde el próximo enero abandonará su sistema de actualización continua, y de prensentación de la información según su inmediatez, para optar por un sistema mixto, en el que sobresalgan sus “historias” principales. Estas, además, se mantendrán en la portada el tiempo que sea necesario.

2. Die Ziet (“El periodismo online hace de todo menos dinero“). El País publicó recientemente una entrevista con el director de Die Zeit, en la que se explicaban algunas de las claves de su éxito creciente en formato impreso, en medio de la crisis económicas. Algunas de las claves, en palabras de, Giovanni Di Lorenzo, fueron “estudiar en detalle las necesidades de los lectores, ignorar todos los consejos de los asesores de medios y seguir haciendo artículos largos, documentados, serios e incluso difíciles”.
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Pablo Pardo, corresponsal de El Mundo en Estados Unidos, profundizaba en su blog en algunas de las ideas del director The Economist, John Micklethewait, sobre la decisión de ir cerrando cada vez más al público que no paga los contenidos de la web -mínimos- que ahora todavía se pueden consultar en abierto.

4. The Times (“Times claims 105.000 online subscribers“). El experimento de Murdoch de cobrar por la edición online de The Times ya tiene sus primeros datos: 105.000 suscriptores nuevos, y aproximadamente los mismos que se han registrado en las ediciones de pago online por ser ya suscriptores del diario en papel.

Sólo el tiempo dirá si éstas y muchas otras actuaciones que se empiezan a poner en marcha en estos meses, de recuperación del periodismo y de su modelo de negocio más convencional, evitarán que pronto algunos periódicos acaben como se describe en la siguiente parodia de un Boston Globe con tres suscriptores.

El éxito de ProPublica

ProPública, la redacción non-profit de periodismo de investigación más famosa del momento, acaba de ganar el Gannett Foundation Award for Innovative Investigative Journalism, en la edición de este año de los Online Journalism Award. La serie de trabajos premiada ha sido “Law and Disorder“, una investigacion junto al programa de la PBS “Frontline” y al diario New Orleans Times-Picayune, sobre lo que sucedió en los violentos enfrentamientos de ciudadanos y la policía de New Orleans tras el Katrina. Es el vigésimo sexto reconocimiento que recibe ProPublica en 2010, incluido el Pulitzer en la categoría de Periodismo de Investigación.

El éxito de ProPublica tiene especial resonancia por dos motivos: en primer lugar, es una iniciativa periodística completamente online, que compite en la notoriedad de sus investigaciones con las de los grandes medios; en segundo lugar, está financiada por fundaciones y donaciones individuales, lo que la convierte en un formato alternativo a los tradicionales modelos de negocio periodísticos, tan en crisis en la actualidad.

Lo que no se comenta tanto -quizá porque rompería algo su halo de iniciativa innovadora- es que la verdadera clave de su éxito es la apuesta por el periodismo de calidad, en su versión más intemporal. De hecho, el promotor y alma periodística de ProPublica no es un visionario veinteañero; es Paul Steiger, extraordinario periodista que trabajó durante cuarenta años en prensa -Los Ángeles Times y The Wall Street Journal-, la mayoría de ellos dedicado al periodismo económico. Bajo su dirección, entre 1991 y 2007, el Wall Street Journal mereció 17 Premios Pulitzer. Y tampoco sus principales lugartenientes, en la redacción Stephen Engelberg -más de dos décadas de experiencia en The Oregonian y el New York Times-, y en la gestión Richard Tofel -otro tanto como alto directivo en el Wall Street Journal y en Dow Jones-, pueden considerarse “savia nueva”.

Y es que seguramente en el alma de ProPublica está más vivo el recuerdo de Barney Kilgore, el arquitecto periodístico del Wall Street Journal -homenajeado recientemente por Tofel con una deliciosa biografía (“Restless Genius“)-, que las profecías sobre el futuro del periodismo de visionarios como Jarvis & Co. Y por eso, el éxito de ProPublica es la mejor muestra de que el buen periodismo de siempre, aunque en circunstancias nuevas,  sigue más vivo que nunca.

Paul Steiger, sobre el nacimiento de Pro Publica

Crisis y onionomics

The Onion, el famoso periódico satírico estadounidense, acaba de publicar un divertido artículo sobre los problemas de comprensión que produce la avalancha de noticias económicas que difunden los medios, en una época de grave crisis e incertidumbre como la actual. El título del artículo sistentiza a la perfección esa idea: “Something About Tax Cuts or Earnings Or Money Or Something in Recent Economic News” (“Algo sobre los recortes de impuestos o de beneficios o de dinero o de algo en las recientes noticias económicas”). El artículo concluye con un párrafo tan desconcertante e incomprensible como su titular:

“Time or Newsweek recently published a cover story on the recession or the government debt or incomes or GDP or something similar to that, but kind of focused on how it’s the fault of the rich, the middle class, and the poor. In addition, mutual funds, probably”.

(“Time o Newsweek publicaron recientemente una historia de portada sobre la recesión o sobre la deuda gubernamental o sobre las rentas o el Producto Interior Bruto o algo similar, pero centrándose en cómo es la culpa de los ricos, de las clases medias, y de los pobres. Además, tambiñen probablemente de los fondos de inversión”.)

¿Suena algo al caos y al deconcierto que hay en torno a las causas, las consecuencias y las soluciones de esta crisis? Seguramente no es sólo la culpa de las noticias económicas.