Sigue la conspiración

Mientras Zapatero debate en el Congreso con el resto de las fuerzas políticas sobre la situación económica española, y vuelve a referirse a la importancia de recuperar la confianza internacional -también de los medios anglosajones-, varias publicaciones comentan, con cierto aturdimiento, la teoría del ejecutivo español sobre la conspiración y el complot periodístico anglosajón. Se unen, así, al duro editorial de The Economist del fin de semana (“The Zapping of Zapatero”).

El Wall Street Journal empieza uno de sus editoriales de la edición europea (“European Conspiracy Theory“) con estas palabras: “La paranoia es a menudo un síntoma -si no una causa- del declive de la civilización”. Tras comentar la noticia de El País en la que se informaba de que el CNI (Centro Nacional de Inteligencia) estaba investigando las causas de la agresividad mostrada por los medios anglosajones, y después de exponer asimismo un comentario del Economista Jefe del Banco Central Europeo, sobre la posibilidad de que los medios anglosajones quizá tratan de desviar la atención de los problemas de sus economías -USA y UK-, el diario neoyorquino concluye: “Este tipo de argumentos paranoicos aterrorizarán más rápido a los inversores que cualquier editorial crítico de un periódico”. De hecho, el propio diario, en la influyente columna “Heard on the Street”, realiza un análisis certero de la auténtica problemática económica del país: el problema del crecimiento y el empleo (“Spain’s Problem Is Growth, Not Deficit“). En mi opinión, un análisis nada “conspirativo”.

También el alemán Der Spiegel (“A Media Plot Against Madrid? Spanish Intelligence Reportedly Probing ‘Attacks’ on  Economy“) o el británico The Independent (“Eurozone contagion fears spread to Spain“) se hacen eco de la teoría de la conspiración, y seguirán muchos más si se sigue alimentando el discurso de la culpabilidad sobre la crisis de confianza en esa línea.

Sin ninguna duda, el gobierno de Zapatero -y la economía española, que es lo grave- tiene ante sí un apasionante caso de “comunicación de crisis”, precisamente en una “crisis de comunicación”. Es especialmente grave -y por eso el Presidente y el gobierno la mencionan tan a menudo- sobre todo para un ejecutivo experto en ese campo, y que ha basado gran parte de su política en la capacidad persuasiva de dirigentes y discursos ambiguos, emotivos, inspiradores, retóricos, llenos y vacíos, etc., etc., etc.

En este caso la solución del problema no va a ser tan fácil como cuando Zapatero, en medio de la crisis económica interna, reunió a los editores de medios españoles para que sugerirles un “pacto de silencio“, para pedirles que no alarmaran a la población con discursos especialmente crudos y pesimistas -algunos simplemente traducíamos como “realistas”-.

La tentación del populismo económico

Las épocas de crisis, como la actual, son caldo de cultivo de los populismos, también en materia económica. La tentación de sintetizar la causa de los problemas en un enfrentamiento simplificador entre las “élites” y el “pueblo”, entre los responsables de lo problemas y los que los padecen, se convierte en momentos como los actuales en una salida posible del enredo económico, a la que acuden con facilidad los políticos, al menos para tranquilizar a la opinión pública.

James Surowiecki, en un artículo reciente publicado en The New Yorker (“The Perils of Economic Populism”), se refiere al “nuevo populismo” de la Administración Obama, que parece confiar en el rédito político de afrontar los males profundos causantes de la actual situación económica en clave de un enfrentamiento entre Main Street (los ciudadanos ordinarios) y Wall Street (los directivos del mundo financiero y de las grandes corporaciones).  Un enfrentamiento que por otra parte es paradójico, ya que se da en un contexto de decisiones pragmáticas, de ayudas multimillonarias a esos sectores –banca, aseguradoras, grandes empresas,  etc.-, financiadas por todos los ciudadanos, y necesarias para evitar el desplome de todo el sistema.  De hecho, el hombre de la calle odia tales medidas, pero al mismo tiempo es uno de sus principales beneficiarios. Todo el mundo desea que el gobierno ayude a reducir el desempleo, pero al mismo tiempo prefiere menos déficit público e impuestos más bajos.

La tensión entre la necesidad del pragmatismo y la tentación del populismo, en el caso de la política económica estadounidense, es también motivo de análisis en artículos de opinión del Financial Times (“Why Obama Should Play to Populism”) y del Wall Street Journal (“The Audacity of Populism”), en los que se debate el grado en el que la campaña de Obama para “domar” al sector financiero es en parte pose, en parte política real.

Las reflexiones sobre las derivas populistas de las políticas económicas en tiempos de crisis tienen especial interés para el análisis de la situación española. En una semana que algunos han calificado como trágica para la reputación internacional de España, y en una coyuntura en la que Gobierno no puede sino actuar, con decisiones en general poco populares, el populismo de los “chivos expiatorios” en materia económica ha encontrado nuevos referentes. Dado que el caso estadounidense no es trasladable a nuestro entorno –pues la banca, paradójicamente, se presenta como uno de los pilares del sistema económico español-, la responsabilidad se ha trasladado a los “especuladores internacionales”. Incluso, se ha llegado a sugerir que la “gravedad” que se atribuye internacionalmente al estado de la economía española forma parte de un complot para debilitarla, y para debilitar de paso al euro.

Se refuerza de esta forma el guión de la historia que de forma consistente se trata de trasladar al ciudadano: que las causas fundamentales de la crisis son externas (crisis financiera internacional, especulación global, pronósticos errados de los organismos económicos, etc.). Con ello se puede apelar a argumentos emocionales para generar cohesión –orgullo patrio, confianza en el ciudadano, “campeones nacionales”, el Real Madrid frente al Alcoyano, etc.- y alinear voluntades para avanzar por el tortuoso camino del reajuste estructural de la economía, y hacerlo de una forma más suave. Por supuesto, como en el caso de Obama con el sector financiero, es muy posible que la deriva populista de trasladar la responsabilidad al exterior concluya teniendo efectos realmente perversos. Así se lo ha recordado de nuevo The Economist (“The zapping of Zapatero“) al gobierno español.

Matar al mensajero

Pasado el chaparrón de las malas noticias internacionales de los últimos días sobre el estado de la economía española, y ya con la tranquilidad que parece dar un tiempo más escampado, se empieza a deslizar en la opinión pública la idea de que buena parte de la inquietud que se ha generado sobre nuestra Economía es responsabilidad de los medios de comunicación. Sobre todo, de los internacionales, chivo expiatorio magnífico, porque están “lejos”. O dicho de otra forma, si hay que sacrificar a alguien, matemos al mensajero.

Eduardo Martínez Abascal, en “Profetas de catástrofes… sin datos” (Expansión), resume la situación, refiriéndose a los medios anglosajones y a su acrítica difusión de ciertos juicios de expertos, con estas palabras: “Todos han dado opiniones de lo mal que nos va y de lo peor que nos va a ir, pero no han dado ni un dato (o yo no los he visto en la prensa). Y también es llamativo que hace dos años, los mismo medios hablaran del milagro español, y ahora somos el último de la cola. Lo más probable es que ni antes éramos tan fuertes ni ahora somos tan malos”.

De fondo, la misma idea que Víctor de la Serna exponía ayer en su artículo en El Mundo titulado “Leyenda Negra, 2010”. Decía el columnista del periódico que sólo la “evidencia de la catástrofe económica les ha hecho cambiar a esos diarios al fin su discurso”, citando sobre todo al Financial Times, después de que durante seis años “le bailasen el agua a Zapatero de forma penosamente zalamera”.

En resumen, queda la idea de que esos medios (supongo que los más directamente implicados son el Financial Times y The Economist, ya que el Wall Street Journal en general ha dado “caña” a los socialistas) son un tanto indocumentados y bastante chaqueteros. Y ése es un factor importante para entender la gran alarma actual, como, por supuesto, quiere hacer creer el ejecutivo.

Sin la intención de “salvar al mensajero” por salvarlo –siempre en los medios económicos hay un poco de “prophets of gloom” y otro poco de “prophets of boom”, como lo hay también en la actuación de la sociedad, y de los responsables y expertos económicos-, creo que en esta ocasión la acusación no es justa. Es un hecho que The Economist y el Financial Times acogieron muy positivamente el primer mandato de Zapatero, en el que la economía española siguió mostrando, por inercia, los “rasgos milagrosos” –de “Economía de Champions”- que casi nadie ponía en entredicho. Pero es igualmente cierto que estos dos medios, específicamente, fueron cada vez más críticos con su política económica conforme se acercaba su segundo mandato. Sólo dos muestras, dos datos, para apoyar esta afirmación.

Coincidiendo con el año electoral, ese del enfrentamiento entre dos visiones de la situación económica simbolizadas por el debate entre Pizarro y Solbes, The Economist publicó una extensa Survey sobre España, repleta de datos, cuyo título no dejaba lugar para la duda: “Spain. The Party’s Over” (España. Se acabó la fiesta). Un año antes, en 2007, había publicado varios artículos en los que, jugando con la idea de “The pain in Spain” (“El padecimiento en España”), se afirmaban cosas como la siguiente: “Hay claros signos de que el boom que ha durado catorce años llega a su término. La única incógnita es saber cuál de las burbujas estallará”.

Para entonces, algo parecido había sucedido también con el análisis del Financial Times sobre la economía española. Quizá por ello, es bueno recordar cómo en uno de los debates televisados entre Zapatero y Rajoy, en la última campaña electoral, el candidato del PP citó precisamente al diario británico –el único comentado en toda la discusión- para apoyar su visión crítica sobre la incapacidad del Presidente para aceptar y afrontar los problemas estructurales de la economía española. Decía literalmente Rajoy:  “El vencedor de las próximas elecciones se va a pasar los próximos cuatro años poniendo orden en un estropicio sin precedentes en la moderna historia de España. Nos esperan cinco años de crecimiento cero. (…) No lo dogo yo. Lo dice el Financial Times”.

Así pues, seguramente, como se comenta en el artículo citado de Expansión, ni antes la economía española era tan fuerte, ni ahora la situación es tan crítica. Pero no parece muy justo cargar el peso de la responsabilidad de la creación de la pasada euforia y de la actual alarma sobre los medios internacionales. Más bien habría que buscar esa responsabilidad en discursos retóricos  como el de la Economía de la Champions, o  el de los conjuros internacionales para desprestigiar a nuestro país.

Rajoy y el Financial Times, 2008 (min. 1:40)

De paranoia en paranoia

Una de las noticias más comentadas hoy, con motivo del road show de la Ministra Salgado y de su equipo económico en Londres, ha sido la coincidencia entre sus explicaciones de la situación económica española a inversores y a líderes de opinión –entre ellos los del Financial Times– y un comentario hecho en el diario londinense sobre la paranoia del ejecutivo español, a raíz de unas declaraciones del Ministro José Blanco publicadas en Expansión.

Las declaraciones de Blanco eran comentadas en Expansión con estas palabras: “El ministro de Fomento, José Blanco, acusa a los “especuladores financieros” de orquestar un complot contra el euro y el mercado español. “Nada de lo que está ocurriendo en el mundo, incluidos los editoriales de periódicos extranjeros, es casual o inocente”, señaló Blanco. El vicesecretario general del PSOE denunció un “ataque” contra el euro y la existencia de “maniobras un tanto turbias” para evitar el control de los mercados financieros”.

Izabella Kaminska, autora del blog del Financial Times Alphaville, se hacía eco de ellas, resumiendo: “España es la víctima de una conspiración internacional centrada en destruir a la economía del país, y a través de ella al euro. Esa es la simple y llana vision del Gobierno español, o al menos de su Ministro de Fomento, José Blanco… Lo que, por supuesto, suena un poco paranoico (“a little bit paranoic”).

Obviamente, estamos ante una figura retórica. Pero una figura bien utilizada en este caso. De hecho, la paranoia es un término psiquiátrico que describe un estado de salud mental caracterizado por la presencia de delirios autorreferentes. Más específicamente, puede referirse a un tipo de sensaciones angustiantes, como la de estar siendo perseguido por fuerzas incontrolables (manía persecutoria). ¿No es eso, más o menos, lo que está detrás de la denuncia de un “complot” de “maniobras un tanto turbias”?

Lo interesante del caso es que este comentario menor de la periodista del Financial Times, realizado en un blog –no en el editorial, ni en artículo de portada, ni salido de la mano de comentaristas de prestigio del diario como Münchau, Brittain o Wolf- se ha convertido durante todo el día en noticia de portada, muy comentada, en las webs de El País, El Mundo, Expansión, El Confidencial, y muchos otros medios.

Y además, sí que en esta ocasión de forma un tanto paranoica, utilizando en algunos casos la metonimia (confundiendo la parte con el todo: un blog del diario es identificado en titulares como “el FT”, con mayúsculas), interpretando la intención –supuestamente ofensiva- del texto (“se burla”), y despojando a la expresión de Kaminska de la riqueza del matiz (“a little bit…”). Por supuesto, ha habido gradaciones en la forma de contar esta “importantísima” noticia (tan importante, que diez horas después de su publicación, no había logrado siquiera un centenar de comentarios en Alphaville).

Véanse, si no, algunos ejemplos del notición:

FT llama “paranoico” al Gobierno español mientras Salgado se reúne con su directiva

Subtítulo: Un blog del diario londinense se burlaba de las palabras de Blanco

(El País)

‘FT’ se burla de la ‘paranoia’ de Blanco mientras Salgado da explicaciones sobre España

(El Mundo)

El FT llama “paranoico” al Gobierno español en pleno ‘road show’ de Salgado

(El Confidencial)

Un blog del ‘Financial Times’ tilda de “un poco paranoico” a  José Blanco

(Expansión)

Una pena que al final todo quede en el “insulto paranoico” de Alphaville, y nadie -por ejemplo- leyera otros comentarios online, en el propio periódico, algo más sustanciosos.

Del JASP al NI-NI

Desveladas las líneas maestras de la reforma laboral que plantea el Gobierno, los jóvenes entre 16 y 24 años se han convertido en el público prioritario para revertir los vicios del empleo en España. No podía ser de otra forma: en ese segmento de población, el desempleo asciende al 40%. Llega la hora de abordar el problema de losninis”.

“Ni-ni” (Ni estudia ni trabaja), el nuevo acrónimo de la “personalidad” de la crisis -imagen de la gravedad del problema del desempleo-, que se añade al “Ninja” (No Income, No Job, (and) no Assets) –imagen de la gravedad del problema del crédito-, se ha convertido ya en parte del discurso popular. Hoy mismo algunos diarios como Expansión (Generación ni-ni: un problema sistémico) y El Diario de Tarragona (NI-NI. Ni estudian, ni trabajan), seguramente entre otros muchos, al hilo del tema del desempleo, utilizan a los “ninis” como piedra de toque para el análisis de los algunos de los problemas de fondo que aquejan a la cultura del trabajo en nuestro país. Por supuesto, existe ya una página web especializada en los “ninis”, y la tele-realidad se ha apresurado a buscar la versión esperpéntica del fenómeno.

Bien sabemos los que nos dedicamos al mundo de la comunicación que los contenidos audiovisuales, en nuestra sociedad, acaban configurando las percepciones, los frames, los conceptos que protagonizan la discusión pública y configuran la cultura popular. Quizá por ello, tiene interés reflexionar sobre el contraste entre dos historias que –al menos para algunos que peinamos canas- nos vienen a la mente al oír hablar de los “ninis”. Es el contraste entre los “jasp” y los “ninis”. Les separan dos décadas, pero cualquiera diría que en medio se ha producido una revolución. Si no, vean las diferencias entre el universo visual y conceptual entre estas dos piezas: el famoso anuncio del Renault Clio (Jasp, 1991), y la promo de presentación del programa de La Sexta “Generación NI-NI” (2010).

P*I*G*S y S*P*A*I*N

La batalla por recuperar el crédito y la confianza en la economía española -y de España- en la opinión pública internacional, tan vapuleada en los últimos meses por los grandes medios de referencia, se librará en el campo de la realidad, de la recuperación de la salud económica, pero también en el campo de la retórica.

Al comienzos de toda esta historia, allá por 2008, sentó muy mal en nuestro país la utilización por parte del Financial Times del término “pigs” (cerdos) en un artículo muy crítico sobre la coyuntura económica española. “Pigs” era el acrónimo peyorativo con el que el diario londinense se refería a cuatro países de la Unión Europea (Portugal, Italy, Greece, Spain) con un porvenir económico más que preocupante, sobre todo para la estabilidad de la zona Euro. Posteriormente, en algunos análisis se ha añadido una segunda i, la de Irlanda, y PIIGS ya cuenta con más de 163.00o entradas en Google.

En los relatos sobre la economía, este tipo de simplificaciones, u otras derivadas de la utilización de figuras retóricas (“brotes verdes”, la “Champions”, las “burbujas”, los “activos tóxicos”, el “enfermo de Eureopa”, etc.), tienen una fácil acogida en el discurso mediático y popular, pero también en la forma de sintetizar su percepción de la realidad por parte de los especialistas, expertos, políticos, etc. Por eso, es de entender que ante la posibilidad de que de nuevo se intensifique la idea de que nuestro país es un “flying pig” (un “cerdo volador”, en la metáfora utilizada por los medios anglosajones), sea necesario pensar en otros juegos del lenguaje que contrarresten esa imagen.

Se entiene que el Presidente Zapatero, según comentan los medios, haya dedicado una parte de su tiempo en Davos a proclamar la ejemplar proyección y reputación internacional de entidades españolas como el Banco Santander o el F.C. Barcelona. Quizá sea bueno pensar en serio sobre significados persuasivos, basados en la acción y determinación en materia económica, para volver a dar contenido al concepto “Spain” en el mundo. Mientras tanto, como juego de palabras, ofrezco el siguiente: Santander, Pau, Almodóvar, Inditex, Nadal. Al menos, es mejor que formar parte de los PIGS.

Animal Spirits & Media Spirits

El origen de este blog está en la lectura de Animal Spirits. Cómo la psicología humana dirige la economía, de George A. Akerlof y Robert J. Shiller. La obra no es precisamente una novedad bibliográfica. Publicada hace ya un año por Princeton University Press, el trabajo de Akerlof y Shiller ha recibido una gran atención en medios académicos y periodísticos. De hecho, el Financial Times eligió el libro como uno de los diez más importantes de 2009, por su capacidad para analizar la actual crisis financiera y económica desde una óptica heterodoxa. La gran noticia era que dos de los economistas más respetados del momento, George A. Akerlof –Premio Nobel en 2001- y Robert J. Shiller –uno de los analistas más lúcidos de las crisis financieras, y sin duda también “Nobelable”- abrazaban definitivamente los postulados de la “behavioral economics” (esa especie de “psicoeconomía” que tanto éxito ha tenido desde el Nobel de Daniel Kahneman) para explicar la actual crisis, y como base de propuestas de política económica novedosas y sugerentes. De fondo, planteaban una nueva forma de entender la gestión de la macroeconomía, con un renovado papel de la acción pública, ante los comportamientos “animales” –no precisamente racionales, en el sentido de la economía clásica- de los comportamientos colectivos.

El libro posee un indudable interés desde el punto de vista económico, pero lo que yo propongo es su relectura desde el punto de vista de la comunicación. A lo largo de toda la obra, Akerlof y Shiller destacan –de forma expresa, y también implícita- la gran importancia de los fenómenos de comunicación para entender ese comportamiento, poco manejable desde postulados racionales, de los “animal spirits” keynesianos. Los autores no sólo dedican un capítulo, el quinto, a destacar la importancia de las “historias”, de los relatos, en la evolución de la economía –en la dinámica de los ciclos, en el funcionamiento del “multiplicador de la confianza”, o en fenómenos como el de la “ilusión monetaria”-, sino que a lo largo de toda la obra se hacen eco de cómo los medios, en distintos momentos históricos, han sido capaces de percibir mejor que los propios economistas la especial sensibilidad pública ante la coyuntura económica. En un pasaje del libro, al hablar de cómo los economistas no han sido capaces de introducir en sus modelos estos fenómenos, llegan a afirmar: “Ya nunca más se entenderá que los relatos tan sólo explican los hechos; ellos son los hechos”.

A la luz de la “historia” que está construyendo la prensa internacional –The Economist, Financial Times, Wall Street Journal, etc- sobre el proyecto económico de España, no les vendría de más a nuestros dirigentes echar un vistazo a la obra de Akerlof y Schiller. Y que seguidamente, junto a las medidas de austeridad -que acabarán imponiéndose por la presión de los organismos y agencias internacionales-, se piense bien qué nueva “historia” creíble, y positiva, se va a tratar de contar a la opinión pública internacional.